Ella se sentó sin nombre,
soberbia, irreverente,
yo fabriqué un misterio
que valga la pena su mirada
sin ser presentada
conocí a la seducción.
Tarde con tarde
volvíamos y veníamos
pretendiéndonos negándonos
y en la resaca de tanto juego
Marilú se convirtió en mi deseo
un deseo sofocante,
tanta fiebre
recurrente luego en la vida
con otras mujeres,
tanta fiebre
para curar un beso
el primer beso,
tal vez el beso de siempre.
sábado, 13 de septiembre de 2008
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