Nunca supe tu nombre
si supe tu sonrisa
tu alegria de mirarme
mi alegria de escucharte
y esta tarde
que se escapa del Pacífico
pretendí esa casualidad
la de que una calle escondida
te vuelva a presentar
para mirarte
para sonreirte
para que me escuches
y estrecharnos, quizás,
en una estrella naciente
detrás de los cerros
una única estrella para los dos.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
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