Y un día todos supieron
lo que ya sabían,
conocida la hipocresía
su masividad asquerosa.
Ante tanta falsedad
se asomaron desde un aula
los ojos celestes de Gaby,
se asomaron desde una risa
como un cielo escribiendo
lo que ya soñaba escribir.
Con mi algarabía desocupada
me rescaté en sus palabras
sin estridencias,
solo el volumen suficiente
para acercarme a su rostro
a la hermosura de su canción,
esos días la mejor canción.
El recorrido risueño a su casa
adolescente a veces adolecido
y ese dibujo inquieto
que despilfarré exagerado
jugandome a sus manos
tan dóciles y mias
que siguen en mi piel.
sábado, 13 de septiembre de 2008
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