El furioso calor de no tenerte,
esta fiebre inconcebible
apagada algunas horas
por vehementes alcoholes silvestres.
Tengo la ridícula esperanza
de besarte cada mañana,
de dormir con tu espalda
en mis labios cada noche.
Son mentiras todas las verdades,
cada una de las que penetran
la impaciencia de mujeres sin nombres,
son verdades todas las mentiras
porque en la fatiga de lo inconciente
siempre las amo.
Tan pronto como se despejan las sábanas
retorna humillante
el color de cada cielo,
el ardor reflejo, consecuente,
la enferma manía que tengo por vos.
miércoles, 15 de octubre de 2008
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