Hay palabras
que van y vienen indiferentes,
hay quien escribe,
hay quien recita.
Usted, señora de la colonia Santa Cecilia,
de la avenida Pueblo Nuevo,
usted, señora de las pobrezas de Acapulco,
de las tristezas de la pobreza
y el cansancio de la soledad,
lee su vida en mi tinta
y es su amanecer
un poema, que ahora es suyo.
Usted, me pidió que me cuide,
que cuide mis manos,
para seguir armando letras,
para seguir armando soles,
nada mas que eso,
tan inmenso como el mar,
tan lejos de mi Mataderos,
tan pocos minutos señora
justifican todos mis años.
Usted seguirá amaneciendo,
recitando un adios,
yo seguiré escribiendo
y escribiré para sus días
como siempre lo he hecho,
sin saberlo.
domingo 26 de octubre de 2008
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