Tu vidrio
sigue escalando pisos
entre raídas religiones
y cruces circunstanciales,
se va lejos
alto como para brillar
buscando a un sol
que niega su luz
a tan caprichosa pretensión,
entonces se cansa,
en esa agitada respiración
empaña su realidad
humedeciendo oscuridades,
ha llegado la noche
y aunque la luna se esfuerce
tu vidrio ya no podrá brillar.
martes, 26 de agosto de 2008
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